Sitges ’08 – Capítulo 1: La nit + killer

La nit + killer (Reality killers, Mum & Dad y The butcher)

Se presentaba (y el director del festival, Àngel Sala, así lo corroboró antes de la proyección) como la sesión más extrema del certamen, exceptuando Philosophy of a knife, que se pasará el viernes que viene. Y el chasco, al menos a primera vista, fue considerable, porque la maratón de madrugada empezó con la película más nefasta del año y una de las peores que he tenido el disgusto de ver. Por suerte, los otros dos films no sólo remontaron el vuelo sino que acabaron convirtiendo la noche en una experiencia memorable, mucho más cinematográfica de lo que me esperaba, en la que pudimos ver la primera obra maestra del festival, The butcher, y en la que tampoco faltó, afortunadamente, el reclamado banquete cinéfago. Sin duda, “La nit + killer” fue de peor a mejor, y acabó dejando un magnífico sabor de boca.

– Reality killers (anónima): se intuía (y también se vendió así, no nos engañemos) como una obra extrema capaz de estremecer hasta al más pintado, sólo apta para los estómagos más resistentes, hecho que se mitificaba con el tema del anonimato del film. Pues bien, la conclusión, gritada a los cuatro vientos por toda la sala al terminar la proyección (estoy harto de los payasos que hacen sus gracias a grito pelado durante la película), fue unánime: basura. Ni ofreció la brutalidad que prometía, ya que cuando había la oportunidad de hacer estremecer al respetable se cambiaba de plano de manera que no se viera absolutamente nada; ni, por el otro lado, poseía la más mínima carga psicológica o filosófica y ya no digamos cinematográfica, con una utilización inexistente del suspense y escamoteando el impacto, abusando de estúpidos efectos sonoros y con un criminal/narrador que, justo cuando piensas que va a ser lo único salvable, se hunde estrepitosamente ridiculizándose a sí mismo. Es una lástima que el mero hecho de ser anónima le haya permitido colarse en la programación, porque es una película realmente nefasta.

Mum & Dad (Steven Sheil, 2008): fue una auténtica alegría comprobar como aún hay gente que sigue creyendo en un cine de terror que sabe recoger la herencia del pasado y adaptarla al presente. Sin trucos visuales, sin efectos sonoros, casi sin música, esta película británica provoca una tensión de primer orden, porque en ella conviven el horror más extremo con la cotidianidad en un mismo espacio, una suerte de casa de La matanza de Texas que sufre la misma bipolaridad que los padres que dan título al film: una vivienda absolutamente normal que también tiene su reverso tenebroso, como sus ocupantes. Cuando la cámara, con una fría puesta en escena, se encuentra en esas estancias, el temor de que algo macabro va a ocurrir se incrementa y la mayoría de veces se confirma. Y cuando la situación, en el crescendo final, explota, también lo hace el espacio, y el horror encerrado en algunas habitaciones sale y “contamina” al resto de la casa (la celebración navideña es paradigmática y aterradora en ese sentido) y al mundo exterior, ese mundo exterior que los constantes planos de aviones plasman como algo real pero inalcanzable desde el infierno terrenal, aunque al final no quede demasiado claro ‘quién es quién’, tanto en lo referente a los personajes como a la propia puesta en escena.

The butcher (Kim Jin-won, 2007): la técnica de la cámara subjetiva rara vez ha dado demasiados buenos resultados (véanse El proyecto de la bruja de Blair, Monstruoso o la fallida [REC]), pero esta cinta surcoreana de una hora y cuarto ha resultado ser la primera obra maestra del Festival de Sitges, una cinta que se sitúa en las antípodas del terror clásico (bebe del mundo del videojuego de una forma magnífica) pero que a la vez maneja a la perfección los mecanismos del suspense mezclado con el gore más radical. Durante los primeros 40 minutos no pasa (casi) nada: el tempo se dilata radicalmente, huyendo de toda estética, buscando el hiperrealismo, salpicado por breves conversaciones entre los directores de snuff y por el sonido de una motosierra y unos gritos emplazados inteligentemente fuera de campo, que activan una bomba de relojería interna en el espectador, víctima y verdugo, que sabe que está esperando en la antesala del infierno. Entonces, repentinamente, se desata la furia más absoluta, el delirio total, y el fuera de campo y la tensión dejan paso al horror, visual y auditivo, en primera persona, que durante 20 minutos provoca un sufrimiento al que es difícil comparar con el de algún otro film. La violencia, entonces, se revela como único elemento narrativo, terrorífico vehículo fílmico en el que es preciso subirse para llegar a alguna parte; es la violencia extrema la que marca el desarrollo de The butcher, su verdadero motor que trasciende toda suerte de psicología, objetivo o razón. La violencia por la violencia, la violencia por el cine, la violencia frente a su realizador, la violencia frente a su víctima. The butcher es pura violencia, y articula múltiples reflexiones alrededor de ésta y de su relación con el cine.

– Esta es una entrevista realizada a Kim Jin-won, director de The butcher (en inglés): http://twitchfilm.net/site/view/kim-jin-won-is-the-butcher

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