Sitges ’08 – Capítulo 2: Contrastes radicales

Contrastes radicales (Rocknrolla y The sky crawlers)

Cuando en un mismo día uno ve dos películas extremadamente opuestas y aún así ambas resultan ser buenísimas, es imposible no (re)experimentar esa romántica visión del cine que lo sitúa como el mejor aliciente de esta vida. Hoy el Festival de Sitges nos ha brindado la oportunidad de ver la esperadísima resurrección de una antaño joven promesa del cine (Guy Ritchie) y nos ha sorprendido enormemente con la última y densísima película del japonés Mamoru Oshii, director de Ghost in the Shell. Un contraste radical que no hace sino añadir más valor a ambas propuestas y a sus autores.

Rocknrolla (Guy Ritchie, 2008): desde aquel ya lejano año 2000 en el que Guy Ritchie asombró a todos con Snatch, ha llovido mucho cine de calidad y poco ha tenido que ver con Ritchie. Así que lo que se había anunciado “como su regreso a los orígenes” presentaba ilusión y dudas a partes iguales. Para disipar éstas últimas, cabe decir que, sencillamente, Rocknrolla es la película más entretenida y también más divertida en lo que llevamos de 2008, y además goza de la suerte de ser una obra de autor. Woody Allen dio su visión de Londres con Match Point, Scoop y Cassandra’s Dream; Ritchie ha completado con Rocknrolla su fresco iniciado con Lock, Stock and two Smoking Barrels y la citada Snatch. El Londres de Rocknrolla es el de los magnates inmobiliarios corruptos (memorable un Tom Wilkinson neurótico y excéntrico hasta el paroxismo), los grandes empresarios rusos, los matones de poca monta, los yonquis y los políticos aprovechados, y todos ellos intentando sacar tajada del entorno que les rodea, relacionándose todos con todos y coronados por el mejor uso del McGuffin desde el maletín de Pulp Fiction. La nueva obra de Ritchie es inmediata, ingeniosa, absolutamente vistosa, cómplice (todos los personajes acaban siendo como tu familia) y extremadamente inteligente, pues su mayor virtud es que en ningún momento se toma a sí misma realmente en serio, y por ello acaba resultando tremendamente efectiva en vez de efectista.

The sky crawlers (Mamoru Oshii, 2008): lo malo de que te preparen para una película con espectaculares combates aéreos y un cierto regusto de crítica social es que luego te encuentras algo completamente diferente y entonces cuesta entrar bastante entrar en un film que acaba exhibiendo una densidad cinematográfica y filosófica asombrosas, que uno, las cosas como son, no esperan en una película de anime. No obstante, una vez “enchufado” a The sky crawlers, y sobretodo en su segunda mitad, uno se siente más cercano a Tarkovsky que a Hayao Miyazaki (sin desmerecer en ningún momento al maestro japonés), ya que la película dibuja un futuro desértico y ciertamente desubicado espacialmente, poblado por seres desolados física y psicológicamente, como si de zombis se tratara, que también acercan la película al Van Sant más ralentizado. Un viaje visceral al pesimismo de una humanidad que privatiza y comercializa la guerra para asegurarse la preservación de la paz, con unos personajes contenidos que no explotan más que en algún instante y que se resignan al sutil e invisible infierno que les ha tocado vivir, y que todos han aceptado. The sky crawlers es dura, inaccesible, densa, verdaderamente dolorosa (se palpa sufrimiento en cada plano), pero también magnífica.

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