Sitges ’08 – y Capítulo 5: Mitos vs. Realidades

Mitos vs. Realidades (Philosophy of a knife, Ponyo on the cliff by the sea, El cant dels ocells JCVD)

El Festival Internacional de Cinema de Catalunya Sitges 2008 ha echado el telón, y el balance general es inmejorable. Tres (aún estoy dudando si cinco o incluso seis) obras maestras, un buen puñado de películas buenísimas, algunas interesantes y sólo una basura (la anónima Reality killers). Mañana, no obstante, haremos un resumen global del Festival. Hoy nos ocupamos de analizar la recta final de Sitges ’08, en la que las cuatro películas vistas comparten una característica común: la confrontación de una realidad histórica con su representación cultural (es decir, su mito) y la visión que cuatro autores distintos ofrecen sobre este enfrentamiento. Cuatro films que no se parecen en nada, ni en concepción ni en consecuencias, pero unidos por un hilo invisible que no es otra cosa que una de las claves del propio séptimo arte: el paso de lo real a lo cinematográfico.

Philosophy of a knife (Andrey Iskanov, 2008): hay películas que plantean inquietantes cuestiones éticas que trascienden al propio largometraje, sobretodo cuando hablamos de la Segunda Guerra Mundial y de la Unidad 731 del ejército japonés, responsable de atroces torturas a prisioneros en pro de la ciencia que, paradójicamente, fueron la clave de muchos medicamentos que posteriormente beneficiarían a la humanidad. Philosophy of a knife magnifica esa pregunta a causa de la exposición del horror: las 4 horas de documental están ocupadas durante unas 2 horas y media por la recreación ficcionada de las torturas. Esas recreaciones se caracterizan por una estética expresionista, donde se elimina todo diálogo (el film es unidireccional, algo que más adelante se revelará como éticamente necesario) y trasfondo psicológico de los personajes, víctimas y verdugos, se magnifica lo grotesco de las atrocidades y se elabora una atmosfera opresiva y cerrada donde desfilan, con un grafismo enfermizo, extirpaciones de dientes, de fetos, congelaciones, quemaduras con fósforo y un larguísimo etcétera. El mito de la Unidad 731, sus torturas, ficcionadas para llegar a la realidad: para ver a los demonios hay que bajar al infierno. Sin embargo, la película no se queda aquí y, al inicio, nos sitúa históricamente. Es en los 45 minutos finales, no obstante, donde Iskanov parece revelar su verdadera intención, y lo hace mediante la entrevista al militar y doctor soviético Anatoly Protasov, testigo del juicio a la Unidad 731: Philosophy of a knife exhibe entonces su parte de filosofía tras haber mostrado la del cuchillo, su parte de reflexión, de responsabilidad con lo que cuenta, que no es otra que la de la mirada serena y anti-frívola sobre el conflicto bélico. Iskanov decide extremar su propuesta allí donde es necesario: sólo tras haber visto el mal más absoluto de la forma más descarnada, podemos entender realmente lo abyecto que es que el responsable de todo aquello, el general Shiro Ishii, acabara trabajando como científico en los Estados Unidos sin cumplir jamás ninguna pena, por poner sólo un ejemplo de las reflexiones que plantea el film. La representación/ficción como herramienta de la realidad y la verdad. Y así volvemos a la pregunta inicial: ¿es ética Philosophy of a knife? Desde el momento en que decide someter el gore a la película y no lo contrario, sí.

Ponyo on the cliff by the sea (Hayao Miyazaki, 2008): hablábamos hace unos días, a propósito de la total The good, the bad, and the weird, de que hay películas que apelan antes a la emoción que a la razón para erigirse en maravillas que acaban fascinando al espectador como se fascinaban los espectadores del cine primitivo. La diferencia reside en que han transcurrido 113 años desde el hallazgo de los Lumière y ya no es tan fácil embelesar al respetable. Por eso tiene tanto mérito que el maestro japonés Hayao Miyazaki, armado con lápices y sin ningún ordenador, erigiéndose en pintor tradicional de tapices nipón en pleno siglo XXI, haya conseguido, con Ponyo on the cliff by the rocks (Ponyo a partir de ahora), una película que ejerce sobre el que la ve un touché que le transporta a la infancia más pura, aquella donde el problema más grande tiene una sencilla solución, donde fantasía y realidad se unen indisociablemente, donde el amor es puro y verdadero, donde una mirada vale más que mil palabras, donde, desde el punto de vista de un adulto, todo es tan precioso que provoca una suerte de llanto tan alegre como meláncolico: todos querríamos ser Sosuke o Ponyo y que un tsunami no fuera más que un peligro pasajero, pero la relidad es mucho más amarga. Por suerte, Miyazaki nos recuerda, mediante la magnífica figura de las ancianas, que todo es cíclico, y que la edad adulta no es sino el retorno a esa infancia, pero con más sabiduría y menos agilidad. La mitificación de la infancia que es Ponyo se opone a la realidad, pero es precisamente ese autoconsciente enfrentamiento lo que la convierte en una joya para la que no pasará el tiempo, una película maravillosamente feliz.

El cant dels ocells (Albert Serra, 2008): es curioso que la reseña del último film de Albert Serra venga precedida por la de Ponyo, ya que El cant dels ocells también es una película infantil, la película infantil más adulta de la Historia. Los 3 Reyes Magos van buscando aquí al niño Jesús sin saber exactamente por qué, ni qué camino deben seguir, ni lo que encontrarán durante el viaje, ni si finalmente cumplirán su objetivo. Y sin embargo, su ilusión es tan infantil, simple y pura como inquebrantable. No dejarán de avanzar aunque para encontrar a Jesús tengan que atravesar desiertos y montañas, para acabar a sus pies y, sin mediar palabra, adorarle, como el niño que queda fascinado por la visión de algo tan inexplicable como verdadero, mientras la inolvidable melodía de Pau Casals suena en la que es, desde ahora, una de las escenas capitales de la Historia del Cine. Además, Albert Serra es absolutamente consecuente con su propuesta y enfrenta el mito de los Reyes Magos a su realidad humana: las eternas caminatas por unos paisajes tan inmensos como la ilusión de los tres icónicos ancianos, la sobriedad y el misticismo de la puesta en escena, la épica estática y mítica de todos los fotogramas, etc., contrastan enormemente con la sencillez de los diálogos y de la psicología (si es que la hay) de los personajes: todo es primitivo, las conversaciones son tan simples como esenciales (uno de los Reyes llega a decir algo tan mágico y bestial como que “Yo siempre sueño con cosas buenas”); en definitiva, una humanidad y un misticismo que se resume a la perfección en la escena de la adoración, en la que la Virgen María, al ver llegar a los Magos, le dice a Jesús: “Mira lo que te traen estos señores”. Y ya está, no hace falta más. Los tres ancianos tumbados en el suelo con Pau Casals sonando hacen el resto, hacen la verdad. Porque El cant dels ocells respira verdad en cada una de sus imágenes, la verdad que a veces, con el paso de los años, el ser humano parece haber olvidado: que es bueno y que la búsqueda de esa bondad es lo que le mueve constantemente.

JCVD (Mabrouk El Mechri, 2008): la película en la que el actor belga Jean-Claude Van Damme enfrenta el mito popular a su propia realidad/verdad contiene, digámoslo claro, una de las escenas más humanas vistas en el cine contemporáneo: un monólogo de Van Damme mirando a cámara, en un primer plano, con unos focos y otros elemenos de atrezzo a su espalda, elevado por encima de la ficción que protagoniza (el atraco de un banco en el que el propio actor, interpretándose a sí mismo, sin un duro y a punto de perder la custodia de su hija, se ve involucrado), en el que se confiesa con una sinceridad asombrosa, donde vemos que la suya es la auténtica tragedia del éxito, donde se da cuenta de que no ha aportado nada bueno al mundo pese a haber tenido muchísimas más oportunidades que gente muchísimo más válida que él, donde Jean-Claude Van Damme, el mito, se derrumba y vemos por fin a la persona, donde Jean-Claude Van Damme acaba llorando con una amargura desgarradora. Esta imprescindible escena es la piedra angular de una película que juega constantemente a explorar los recovecos de una personalidad compleja y extraña, escondida bajo un personaje que, por mucho que se diga, es el que la gran mayoría de la gente espera encontrar dentro y fuera del cine, un personaje que ha acabado atrapando a la propia persona cuando no se parecen en nada. JCVD es una obra sobre la imposibilidad del mito de escapar de sí mismo una vez establecido, pero a la vez una (auto)reivindicación de éste como ser humano. Y eso es francamente conmovedor.

3 Responses to “Sitges ’08 – y Capítulo 5: Mitos vs. Realidades”


  1. 1 elvislives.wordpress.com 17/04/2013 a las 23:42

    At this time I am ready to do my breakfast, afterward having my breakfast coming over again to read additional news.

  2. 2 online Casino United states 12/06/2013 a las 12:31

    Excellent website. Lots of helpful information here.
    I am sending it to some friends ans additionally sharing in delicious.
    And obviously, thank you for your sweat!

  3. 3 bakaug@gmail.com 29/08/2014 a las 01:43

    I deleted my Blogspot account some time ago. However, I saved the link from the blog and it appears to still be active. I don’t understand what I did wrong. I cannot get to the blog by typing in the original address, but I can by following the link. I want this thing permanently deleted. Can anyone tell me how to do that?.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s





A %d blogueros les gusta esto: