A ninguna parte (y a todas) – ‘Mala noche’ – Archivo Gus Van Sant (2)

Mala noche (Gus Van Sant, 1985)

Un dependiente de un drugstore (una especie de tienda de ultramarinos) de Portland (Walt) se enamora perdidamente de un jovencísimo mejicano ilegal (Johnny) que entra en su establecimiento. Intentará conquistarlo pese a que el mejicano no está para nada interesado en el dependiente. De hecho, no hace más que jugar con él todo el rato, utilizarlo para tener un alojamiento, comida y dinero, así como también lo hace un amigo del inmigrante, aunque para ello tenga que tener sexo con el dependiente. Esto es Mala noche, la pesimista opera prima de Gus Van Sant que, si bien está lejos de ser una película redonda, sí que ofrece muchas de las claves, sobre todo temáticas, de la obra del cineasta estadounidense. La trayectoria de Van Sant se basa, como ya dijimos en la introducción del Archivo Gus Van Sant, en una confrontación entre los personajes, el espacio que transitan (o habitan) y como esto se materializa en el tiempo, interna (dentro de cada film) y externamente (las resonancias de Mala noche, una Portland llena de marginados, se dejan oír en My Idaho privado (1991); las de Gerry (2000), el entorno aislado, en Last Days (2005); las de Elephant (2003), el instituto marcado por la tragedia, en Paranoid Park (2007)). En el caso de Mala noche, los tres factores “vansantianos” chocan violenta y frontalmente por primera vez, por lo que podemos hablar de la película como de una suerte de libro de estilo, que con los años se ha ido ampliando, perfeccionando y matizando. En el film, ese sentimiento de estar en un ambiente inhóspito y desesperanzador se magnifica a causa de dos factores: la inestabilidad de la puesta en escena y el carácter/desarrollo de los personajes.

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Un mundo (una cámara) desestructurado

La manera que tiene Van Sant de desarrollar Mala noche encuentra su clave en una puesta en escena que se autodestruye en pro del conjunto: la cámara de Van Sant muestra una Portland sucia y hostil, más semejante a uno de esos pueblos de vándalos típicos de los westerns que a una ciudad norteamericana de los años ’80. Eso lo consigue mediante la desestructuración de una narración convencional, pues nada es estable, sino fugaz e irreflexivo, empezando por el enamoramiento de Walt y terminando por el último encuentro entre éste y Johnny: un corto plano desde el coche donde va Walt nos muestra a Johnny en la calle. Walt ve a Johnny e incluso le invita a pasarse por su tienda pero el mejicano no muestra un atisbo de amabilidad hacia el dependiente. Y ahí acaba Mala noche, sin conclusión, siendo el título una especie de premonición: una mala noche, nada más, como un mal sueño pasajero sin consecuencias al despertar. El mundo de la película es inestable, casi temeroso de sí mismo, en perpetuo cambio y en construcción constante, y por eso la puesta en escena es acorde a eso: indecisa, sin concretarse, tan espontánea como desoladora. No hay belleza en el film de Van Sant, pues lo que muestra es tan marginal como su mirada (homosexuales, chaperos, ilegales, vagabundos, vistos como si alguien con una cámara doméstica les hubiera dedicado una película). Ahí encontramos dos claves del cine de Van Sant: su predilección por los “desplazados” de la sociedad hermanada mostrada con un tono comprensivo y cómplice; una suerte de enfrentamiento, que se prolonga a lo largo de la obra del cineasta, con el sistema establecido basado en historias de triunfadores. No hay verdadera redención en Mala noche, ni la habrá en sus otros films, que mejorarán a éste en muchos aspectos pero sobretodo en lo que a intenciones se refiere, pues la opera prima del estadounidense adolece de una cierta falta de objetivos, su desestructuración a todos los niveles es uno de sus grandes alicientes y a la vez su gran defecto: es perfectamente lícito que Van Sant no quiera ir a ninguna parte (además de extremadamente coherente con la propia obra) pero, con ese no-objetivo, peca de reiterativo y visualmente discursivo (algunos momentos son excesivamente poéticos e impostados).

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Fantasmas underground

Ya los hemos citado antes: homosexuales, chaperos, ilegales, vagabundos… Los protagonistas de las películas de Gus Van Sant, y con ello Mala noche sienta todo un precedente, son normalmente outsiders del sistema, marginados de todo tipo. La semilla de Mala noche germina en los toxicómanos de Drugstore Cowboy (1989), en los prostitutos itinerantes de My Idaho privado, en los jóvenes caminantes de Gerry, en los asesinos nihilistas (y los excéntricos alumnos) de Elephant, en el músico zombi de Last Days o en los “tribales” skaters de Paranoid Park. Hay una cierta voluntad por parte de Van Sant de dejar constancia de la existencia de esa sociedad paralela y subterránea que no vemos en nuestro día a día pero que está ahí. Y de la misma manera que el cine clásico está en su mayoría protagonizado por personajes acomodados cuando no directamente triunfadores (un protagonista – un héroe), Van Sant plaga sus películas de perdedores en contínua búsqueda de algo, en perpetuo movimiento, desarraigados crónicos que jamás encuentran su lugar en el mundo. Y el director presenta esos personajes simpatizando con ellos, actuando con benevolencia; “ya tienen bastant con lo suyo”, parece querer decir Van Sant. Ya tiene bastante Walt con su asqueroso trabajo y la indiferencia que Johnny muestra hacia él como para encima mostrarlo como el fracasado que es (se podría hablar de sadismo si ese fuera el caso). Ya tiene bastante Johnny con haberse tenido que ir de su país y vagar por la (falsa) tierra prometida como para encima mostrarlo como un incomprensivo homófobo pues, al fin y al cabo, sólo es un crío que no entiende nada de inglés y que no tiene donde caerse muerto, su presencia en la película incluso se revela como fantasmal. Esos espectros del submundo que protagonizan el cine de Van Sant irán sufriendo variaciones a lo largo de su obra, diluyéndose hasta casi desaparecer en Elephant y radicalizándose hasta el exceso en Last Days. La simpatía que el director estadounidense muestra hacia sus personajes se explicita sin tapujos en la misma Mala noche: un par de secuencias en color, grabadas por los protagonistas de la película en Súper 8, parecen querer romper con la profunda melancolía y oscuridad que destila todo el film e introducir destellos de felicidad, tan fugaz como redentora (transformándose momentáneamente en el binomio un protagonista – un héroe, antes citado). Pequeñas bocanadas de aire e un entorno sucio y opresivo. Ese reverso “vansantiano” de la sociedad de masas quizá tenga su continuidad/evolución con Milk (2008): uno de esos marginados (en este caso homosexual) pasa del underground al mainstream, pero termina asesinado, como si ese fuera el altísimo precio que debe pagar (aunque sería más correcto decir que “le hacen pagar”) por escapar del entorno del que proviene y al que pertenece.

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1 Response to “A ninguna parte (y a todas) – ‘Mala noche’ – Archivo Gus Van Sant (2)”


  1. 1 Instant Payday Loans 10/05/2013 a las 08:18

    Hello, just wanted to say, I loved this article. It was practical.
    Keep on posting!


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