2008’s Top 10: Horror vacui – ‘El incidente’

El incidente (M. Night Shyamalan, 2008)

El indio crecido en Estados Unidos M. Night Shyamalan ha gustado, desde su celebrada El sexto sentido (1999), de dotar a sus películas con dos elementos concretos: el miedo de los personajes frente a lo desconocido y el establecimiento de esos personajes en pequeñas comunidades cerradas en sí mismas. Desde la familia monoparental del niño que ve muertos en el film de 1999 hasta el poblado decimonónico amenazado por los monstruos del bosque en El bosque (2004). Estas constantes encontraban su culminación en La joven del agua (2006), una película donde Shyamalan realizaba una pirueta metanarrativa transformando el cuento de la sirena que aparecía en la piscina de unos apartamentos (de nuevo la comunidad cerrada) en un compendio de su cine y su estructuración del relato, dejando al descubierto las reglas que regían los cuentos que hasta ese momento nos había contado (una deconstrucción ya apuntada en El bosque y la farsa final). La joven del agua, pues, daba la sensación de querer ser un punto y aparte en la filmografía de Shyamalan, hipótesis que se reafirma con El incidente, la obra más minimalista y atemática de su director, quizá también por ello la más difícil de digerir para aquellos acostumbrados o deseosos de ver thrillers imaginativos y de atmósfera terrorífica plagados de sustos y copados con un sorprendente giro final. En El incidente, el cineasta indio se abre al entorno (al mundo), y abandona la comunidad hermética para, a través de una familia, trazar una especie de road movie que llevará a los protagonistas a la nada, pues esta vez aquello a lo que se enfrentan es el más atávico de los miedos y a la vez el más difícil de plasmar cinematográficamente: la nada, aquello que no se puede percibir con los sentidos ni tampoco con la razón, un elemento capaz de paralizar el tiempo y hacer que un agente de la ley que debe proteger a la población se suicide sin motivo alguno. No hay segundas lecturas esta vez, no hay metáforas (pese a que puedan ciertamente intuirse, el cambio climático no es finalmente más que uno de los muchos pretextos que Shyamalan utiliza en su última película), sólo hay una puesta en escena tan radical y ascética que quizá por eso asusta tanto: vemos gente que sufre, que corre, que se tira desde un edificio, que se ahorca, que, en definitiva, muere, y ya está. No hay causa, no hay respuesta, no hay solución. El incidente, como muchas de las grandes películas de este 2008 que acaba, sitúa a un ser humano desamparado en un entorno desolador aunque cotidiano, reflejo del podrido primer mundo contemporáneo, que Shyamalan plasma como el más absoluto de los vacíos.

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El no-relato

En los tiempos cinematográficos que corren, donde todo tiende a inflarse mediante efectos especiales creando fuegos de artificio más propios del clímax de un videojuego que de una película, la labor de directores como Shyamalan merece ser reivindicada. No se trata tanto de despreciar la explosividad de los últimos Paul Thomas Anderson o Christopher Nolan como de poner sobre la mesa la validez de planteamientos tan opuestos como válidos a los de éstos. En vez de mundos donde un apocalipsis permanece latente a lo largo de todo el metraje para finalmente reventar súbitamente dejando como resultado una especie de constancia de la maldad inherente en nuestra contemporaneïdad y en el origen de ésta, Shyamalan propone un universo que da comienzo con ese apocalipsis dilatado durante una hora y media, transformado en una road movie que finalizará tal y como empezó, otorgando así a El incidente un cierto poso cíclico, la aterradora sensación de que lo vivido (la ola de suicidios sin motivo) va a repetirse, de que el horror jamás puede ser enterrado del todo. El film remite entonces, por un lado, a finales del cine de terror como el de Carrie (Brian De Palma, 1976) y, por el otro, a la prolongación del instante de la que Godard habla en su celebérrimo artículo Bergmanorama. Así, ese cine del “durante” que en este caso practica Shyamalan le sirve para exponer su visión de un presente en crisis que, súbitamente, comienza a devorarse a sí mismo y que, también súbitamente, deja de hacerlo, para finalmente mostrar el inicio de la repetición del suceso, en una pirueta cinematográfica mediante la cual la película se devora también a sí misma. El cineasta indio parece querer decir que los “incidentes” son parte integrante de un primer mundo que no tiene más remedio que asumirlos, igual que siglos atrás ya hubo un tercer mundo que hizo lo mismo con “otros incidentes”.

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Un presente vacío

La vacuidad a todos los niveles, tanto moralmente como en lo que se refiere a la puesta en escena. En el primero de los terrenos, El incidente progresa a través de la mirada de la família protagonista (matrimonio en crisis e hija), que poco a poco se va viendo forzada a actuar bajo la máxima del “sálvese quien pueda” ante la amenaza invisible que acecha en todo momento y lugar, pues lo contrario puede acabar transformándose en letal (especialmente terrorífica y clarificadora en este sentido es la secuencia del suicidio colectivo en medio del campo en la que tanto los protagonistas como el espectador sólo oyen los disparos que sesgan las vidas sin posibilidad de frenar tan macabro hecho). Poco a poco, El incidente se va transformando en una película en la que, como en La Guerra de los mundos (Steven Spielberg, 2005), el peligro ya no sólo viene del exterior sino también de los propios humanos que, movidos por el miedo, variarán su aparentemente sólida escala de valores. En lo referente a la puesta en escena, El incidente se caracteriza por ser la película más seca de su director, menos llamativa, más fría, en la que la profundidad de campo permite mostrar grandes espacios al aire libre inquietantemente vacíos, siendo la combinación de estos espacios y el hecho de saber que en cualquier momento el horror puede entrar en escena lo que asusta tantísimo, aún más teniendo en cuenta que los sitios a cubierto están poblados por personas sin demasiadas intenciones a abrir sus puertas a forasteros que vienen de un “exterior asesino”: si no hay motivos, si no hay soluciones, si no hay rumbo, si no hay refugio seguro, si no hay esperanza, entonces, ¿qué queda? Esperar. Esperar hasta que el incidente termine, esperar que no haya acabado con nuestra vida, esperar hasta que vuelva a producirse. Asusta. Porque Shyamalan ha dejado de mostrar lo perverso de la cultura del miedo (El bosque) para constatar la existencia del gobierno del miedo.

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2 Responses to “2008’s Top 10: Horror vacui – ‘El incidente’”


  1. 1 Tony_Montana 10/01/2009 a las 06:20

    Una de las peores bazofias surgidas de un gran estudio en los ultimos años, Shyalaman definitivamente ha perdido el norte, la critica le ha escaldado a conciencia, creo que el escozor le durara hasta que estrene ”El Sexto sentido parte II”, menudo bodriazo infumable, no pasa del 3 de nota media en cualquier critica especializada, hace pocos dias nominada a cinco premios Razzies donde competira con la peli de Uwe Boll ”Postal” para llevarse el premio…con un par de huevos tu eleccion…

  2. 2 filmchronicles 10/01/2009 a las 13:38

    Te remito a este enlace para que veas que en lo de la crítica especializada vas más bien errado…
    http://www.cinepatas.com/forum/viewtopic.php?t=21208&start=75


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