Inmersión y evasión – ‘Avatar’

Tras demasiados meses de silencio, vuelve Film Chronicles, y lo hace precisamente analizando la película de la que todo el mundo habla en estos días: Avatar (James Cameron, 2009). Cameron, el hombre quien, tras ver como su Titanic (James Cameron, 1997) se coronaba con 11 Oscar de la Academia, se autoproclamó “rey del mundo”, vuelve con otra mastodóntica obra que también se ha autodeclarado (aunque no por boca de su creador) un punto y aparte en la Historia del Cine. Y de lo que no cabe duda, tras ver Titanic y Avatar, es de que el cineasta candiense es el más ambicioso del mundo, algo que, como veremos más adelante, contrasta curiosmente con el discurso fílmico de su última obra. En el décimo aniversario de la muerte de Stanley Kubrick, podemos decir sin temor a equivocarnos, que en términos de ambición el genial director ya tiene un muy digno sucesor. En términos de ambición.

Sin embargo, mientras que la ambición de Kubrick derivaba en una visión cinematográfica y humana tan firmemente pesimista como profunda y rica en matices, la de Cameron se traduce en una totalitarismo fílmico arrollador y fascinante pero también obsceno. Y no obstante, y quiero decirlo de entrada, Avatar es una buena película. Para el que esto escribe, el 3D de Avatar era la prueba definitiva para decidir si este sistema tenía algún interés real más allá del mero truco de feria. Y, sorprendentemente, el 3D de Cameron ofrece nuevas posibilidades en relación, sobretodo, a la profundidad de campo, transformando el lienzo que hasta ahora era la pantalla de cine en una auténtica ventana dentro de la que suceden hechos. Y es que los paseos de los personajes por las instalaciones humanas en Pandora y por la jungla del propio planeta son hipnóticos, tremendamente hiperrealistas, hasta el punto que hacen pensar en la fisicidad plástica de los cuerpos y escenarios de Enemigos públicos (Michael Mann, 2009). Definitivamente, es difícil pensar en otra película en la que el grado de inmersión del espectador en ella sea tan matemáticamente real, a lo que hay que añadir la fascinación que nace del hecho que esa “ventana” dé a un mundo como Pandora, paradigma de la fantasía, el color y la naturaleza virgen y exhuberante. Sin duda el viaje a Pandora es mucho más fascinante, desde el punto de vista estrictamente sensorial, a los que ya hicimos a la Tierra Media o a las galaxias en guerra, pues la estancia en este planeta creado por Cameron (que, para más inri, es lo opuesto a cualquier ciudad actual del primer mundo, lo que acentúa el clima de descubrimiento), es perfectamente equivalente a la que realizaba Bastian a Fantasía en La historia interminable de Michael Ende. Así, el 3D entendido no como espectáculo de circo sino como herramienta para aportar realismo al cine (como lo fue el sonido o el color), se presenta como un descubrimiento a tener en cuenta, una primera piedra que no tiene porque marcar ningún cánon (aquí deberíamos volver sobre la última obra de Michael Mann, antes citada) pero que sí es una opción más que interesante. Y lanzo una pregunta, quizá sacrílega, al aire: ¿Los paseos de los personajes de Gerry, Elephant o Last Days (Gus Van Sant, 2000, 2002 y 2005) o de Sátántangó (Béla Tarr, 1994) no serían, si cabe, aún más bellos en 3D?

Y Pandora sepultó (el resto de la película)

Abundarán, y abundan ya, muchos comentarios acerca de Avatar en los que se critica la simpleza del guión o lo maniqueo del discurso ecologista/político de Cameron, dejando el film a la altura del betún al minimizar los clarísimos avances que supone el 3D, antes mencionados, y obviando la abrumadora experiencia audiovisual que Avatar en el fondo es. Otros tantos responden diciendo que a quién le importa eso si lo contraponemos con la espectacularidad que nos abruma al visitar Pandora durante dos horas y media; con esa excusa, se le adjudica al film el calificativo de “obra maestra”. Este tipo de superproducciones de larga duración y aún mayor impacto visual tienen este peligro: sepultan las cosas, y el mayor problema es que dependiendo del sesgo de quien mira sepultan unos elementos u otros. ¿Invalida un mal guión y un discurso facilón una experiencia sensorial única? ¿Y viceversa? Mi opinión es clara: no, las cosas en su sitio. Y si antes he hablado de las virtudes de Avatar, que parten de lo técnico pero, no nos engañemos, actúan en lo sensible y poético (¡ese caballo en llamas, qué bello, qué trágico, qué colores, qué tangible!), en buena medida gracias al 3D de Cameron, ahora toca el turno de la gran lacra del film, que no es otra que un discurso ecologista/místico-hortera derivado de un guión escrito en pocos días. No negaré que esta cuestión es difícil de analizar, ya que un guión intricado y complejo probablemente hubiera restado calidad a la experiencia sensorial que supone Avatar. Así, el problema del guión no está tanto, como mucha gente le ha achacado, en lo malos que somos los humanos y lo buenos que son los na’vi, o lo monolíticos que son los personajes de la película, o que la misión que le encomiendan los humanos a Jake tenga demasiado sentido. De hecho, Avatar es hija de la guerra de Irak, y como tal actúa en consecuencia, sin olvidar su condición de superproducción; esto es, simplificando una guerra pero dando una opinión clarísima sobre ella: hay un material que los humanos quieren, hay unos indígenas que tendrán que marcharse para que los invasores puedan poseer ese material, los humanos no dudarán en masacrar a los indígenas y a su entorno para conseguir sus objetivos. La guerra de Irak explicada para niños pero con tanta claridad expositiva como cualquier película política de Godard. Lástima, qué gran lástima, que todo eso quede sepultado no por el 3D, la gran virtud de Avatar, sino por el ñoño ecologismo aderezado con toques de romanticismo Disney, todo ello más edulcorado que los cantos a la naturaleza de muchos partidos políticos ‘verdes’. El muy contundente tono trágico que toma Avatar con el inicio de la invasión como tal, que hace que la película trascienda más allá de lo previsible, y que es expuesto por Cameron con una crudeza tremebunda y dolorosa, palpable gracias al 3D, es desaprovechado por el director de forma bochornosa. Allí donde la película se podría haber transformado también en un gran logro discursivo, en un simple pero valiente y mastodóntico zapatazo alegórico (y político también) a todas las consciencias bienpensantes, nos encontramos con que el cineasta canadiense prefiere dar un nuevo golpe al timón de su creación y llevar a los espectadores a buen puerto, a la tranquilidad que supone saber que todo termina bien. Pues no señor, no todo termina bien, y mucho menos una invasión. Ahí radica el enorme defecto de Avatar: su 3D sirve para meternos auténticamente en esa realidad que es Pandora, pero el devenir del film y su discurso final sirven para evadirnos allí donde podrían haber elaborado una simple pero cruda proclama sobre el estado del mundo, una visión verdaderamente crítica y personal sobre lo que estamos haciéndole a este planeta y a los que estamos en él.

Epílogo: negando la humanidad

Y pese a todo lo dicho, Cameron nos tiene preparado, quizá sin saberlo (o quizá no), un mensaje final que para nada tranquiliza. Después de la colosal travesía por ese mundo lejanísimo, después de toda la pirotecnica acentuada por el 3D, después de belleza, tragedia, ecologismo y un viaje tan real como escapista, el plano final es toda una declaración de principios que, esta vez sí, entronca de forma coherente con el descarnado y pesimista discurso que Cameron entona en cierto tramo del film (aunque después lo abandone, como antes he dicho) y, más importante que eso, con la filosofía a de Avatar desde el punto de vista tecnológico. Esos ojos de cierto na’vi abriéndose en primerísimo primer plano representan, por un lado, una renuncia al género humano que, una vez más, se ha creído el dueño del universo, y no ha sido más que un devastador jinente del Apocalipsis. Esta renuncia, sepultada bajo el tranquilizador y aparente final feliz, encierra un potente pesimismo que no hace sino certificar (como lo hace el último plano en el que aparecen humanos, cabizbajos y retirándose) que esta ha sido nuestra última oportunidad y que en ningún presente ni en ningún futuro haremos las cosas bien. Un planteamiento maniqueo, cierto, pero también alternativo al discurso humanista de la inmensa mayoría de films que provienen de Hollywood (2012 (Roland Emmerich, 2009) sin ir más lejos). Pero aún es más importante la negación de lo humano desde el punto de vista de la esencia de Avatar, que no es otra que la tecnología en general y el 3D en particular (los 15 años que ha necesitado Cameron son buena prueba de ello). Ese plano final de los ojos de un ser inexistente pero que, gracias al 3D, se hace tangible y, devienen también una renuncia a la forma “humana” de hacer cine: ya no es coger una cámara y filmar personas; es inventarse una cámara para filmar personas moviéndose y actuando sobre un fondo verde y luego sustituir eso por una nueva realidad más objetiva y sensorialmente real que la de cualquier película hecha hasta ahora. Me vienen a la cabeza las palabras de James Cameron: “Soy el rey del mundo!”. ¿De qué mundo?

2 Responses to “Inmersión y evasión – ‘Avatar’”


  1. 1 Jordi 29/12/2009 a las 15:14

    Volia felicitar-te per aquest retorn tan esperat a la web. Les teves crítiques són mel de romaní que ajuden a assaborir encara més les pel·lícules! M’has fet venir ganes de veure la peli; veig que genera força debat, més enllà del 3D VS guió.

    Apal·li,
    jfO

  2. 2 GGL 30/12/2009 a las 13:43

    Los Na’vi vienen a ser una representación de las tribus indígenas de nuestro planeta. El personaje de Jake es del de Kevin Costner de “Bailando con Lobos”. Se enamora de una comunidad que siente un profundo respeto hacia la naturaleza y es capaz de convivir en su ecosistema sin destruirlo. Es decir, que sabe que no es dueña, sino que forma parte de ella.

    Por eso, yo no lo veo como una renuncia al género humano, quizá una renuncia al estilo de vida occidental, el cual requiere más recursos del que es capaz de generar, y por ello invade y saquea los recursos ajenos, destruye y contamina por donde pasa sin tener en cuenta las consecuencias.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s





A %d blogueros les gusta esto: