(¿)Independencia(?) – Especial Oscars Vol.2

En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008)

Precious (Lee Daniels, 2009)

Up in the air (Jason Reitman, 2009)

Un tipo serio (Joel y Ethan Coen, 2009)

Alguien debería preguntarse por qué, desde hace ya unos años, no hay edición de los Oscars en la que los medios de comunicación no martilleen al respetable con la ya célebre coletilla de “la película independiente de este año”. Repasemos los films que han ostentado, en mayor o menor medida, esta distinción: Lost in translation (Sofia Coppola, 2003), Entre copas (Alexander Payne, 2004), Crash (Paul Haggis, 2004), Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006), Juno (Jason Reitman, 2007) y Slumdog millionaire (Danny Boyle, 2008). A grandes rasgos, ya que es más que probable que me deje algún film o también que sobre alguno de la lista, estos han sido los films que se han erigido en la “película independiente de estos Oscars”. Nótese que desde 2003, y no me he remontado más atrás porque esta es una moda relativamente reciente, cada año (Crash es del 2004 pero concurrió en la edición del 2006) ha habido una película con tal calificativo de cara a los medios, de cara pues a su publicidad. Hagamos un pequeño estudio estadístico y confrontemos los presupuestos (P) y las recaudaciones (R) de todas estas obras, en lo que es un algo malicioso y tendencioso ejercicio de denuncia; las recaudaciones son a nivel mundial:

Lost in translation – P: 4 millones $ – R: 119 millones $

• Entre copas – P: 16 millones $ – R: 109 millones $

Crash – P: 6,5 millones $ – R: 98 millones $

Pequeña Miss Sunshine – P: 8 millones $ – R: 100 millones $

Juno – P: 7,5 millones $ – R: 231 millones $

Slumdog millionaire – P: 15 millones $ – R: 377 millones $

Vistos los datos, recogidos de la web Box Office Mojo, asoma una curiosa dicotomía: películas con presupuestos modestísimos, cuyo segundo pico más alto llega a los perfectamente recuperados 15 millones de dólares de Slumdog millionaire, han obtenido recaudaciones que son 15 veces más que su presupuesto o incluso 30 veces más, como en el caso de Juno. Es interesante observar la evolución de las temáticas de la “película independiente del año”: las crisis existenciales de hombres de mediana edad tratadas con una ténue ironía y una pátina de alta cultura pop (Lost in translation y Entre copas) dan paso a las vidas cruzadas de un extenso grupo de gente que conforma el microcosmos de una macrourbe como Los Ángeles (Crash), virando luego a dos comedias simpáticas, ácidas y decididas sobre el modelaje infantil y el embarazo adolescente (Pequeña Miss Sunshine y Juno), para rematar con la odisea de un miserable indio que cumple el sueño americano en pleno Bombay (Slumdog millionaire). Dos líneas vertebran la evolución de este grupo de films: en primer lugar, el traslado geográfico, que se centra en tres ocasiones en tres grandes ciudades muy distintas (Tokio en Lost in translation, Los Ángeles en Crash y Bombay en Slumdog millionaire), y en otras tres en paisajes típicos de Estados Unidos (los viñedos californianos en Entre copas, el medio oeste en Pequeña Miss Sunshine y una pequeña ciudad del norte de Minnesota en Juno). La otra conexión, ya mencionada en cierta forma, es la de la temática social de todas estas obras, más personalizada y de corte existencial en las de Coppola y Payne (pese a que podemos considerar que el compromiso y las crisis de madurez son también temas sociales), pero nuclear en las siguientes, culminando en ese híbrido entre denuncia social e historia de amor y superación clásicas que es Slumdog millionaire. El objetivo de los datos antes expuestos y los aspectos aquí subrayados no es otro que el de cuestionar la supuesta independencia de todas estas películas, y sobretodo determinar por qué estas y no otras, de las que luego hablaremos, merecen de forma tan aparentemente indudable ese calificativo.

El amor clásico en la estación de Bombay que estalló meses después.

Después de esta breve Historia y tipología de los films abanderados de la teórica “independencia”, entremos verdaderamente en materia y comentemos en qué se ha traducido esa reciente herencia en la presente edición. Que este año, aunque probablemente con finalidades económicas, se haya vuelto al sistema de diez obras nominadas en la categoría de Mejor Película nos permite observar con mayor precisión el fenómeno de la independencia y sus matices en una misma edición. Creo que, en el fondo, hay dos independencias: la real y la económica. Debemos matizar, pues, que una de ellas (la económica) es aquella que los medios utilizan como varemo para publicitar tal film como independiente y tal otro no: así, “la película independiente del año” siempre tendrá un presupuesto muy reducido en comparación a la media de las producciones de Hollywood. No obstante, existe una independencia real que va más allá de lo monetario y se posa o no sobre cada película individualmente: un film independiente lo es verdaderamente si posee libertad, personalidad, coherencia y diferencia. Para retomar el tema central del artículo y jugar con las mismas reglas que los medios de comunicación, nos centraremos en un breve análisis sobre 4 films, escogidos expresamente, candidatos a la Mejor Película el próximo 7 de marzo;, los 4 económicamente independientes pero, ¿los 4 verdaderamente independientes?

En tierra hostil – P: 15 millones $ – R: 19 millones $

Precious – P: 10 millones $ – R: 53 millones $

Un tipo serio – P: 7 millones $ – R: 24 millones $

Up in the air – P: 25 millones $ – R: 146 millones $

El cine independiente también tiene sus estrellas

Atendiéndonos a las constantes expuestas anteriormente que los medios parecen tener en cuenta a la hora de determinar cuál es la película independiente de cada edición de los Oscar, esto es, el presupuesto ajustado y la temática social(mente comprometida), este año se han publicitado como películas independientes de los premios Precious y Up in the air. A nivel estético y de contenido, Precious se sitúa en la línea de films como Crash y Slumdog millionaire, debido a su estética videoclipera fusionada con cinema verité, lo que da lugar a un curioso naturalismo acelerado y fugaz. Así, pretende alcanzar sus objetivos de hacer reflexionar al espectador sobre un contexto social (la situación de los afroamericanos de los suburbios) a través de la personalización en la dura historia que cuenta la película: una chica obesa y negra con dos hijos de su padre, maltratada por su madre y vejada en la escuela y el barrio. También los personajes de Crash y Slumdog millionaire las pasaban canutas a lo largo de todo el metraje. Llegados a este punto deberíamos preguntarnos si la simplificación de contextos urbanos tan complejos como el citado es verdadera independencia creativa: ¿hay mirada sobre esos contextos, hay reflexión sobre ellos y las condiciones humanas que en ellos se desarrollan, hay una puesta en escena que permita esa reflexión y no la ahogue entre tanto drama hiperbólico? En resumen, ¿es auténtica independencia el terminar por no hacer otra cosa, aunque no se pretenda eso, que tocar la fibra sensible del espectador usando determinados contextos sociales como telón de fondo para que todo resulte más creíble, mísero y emotivo? Estas preguntas pueden responderse, creo, con un experimento: visionar Precious un día y En el cuarto de Vanda (Pedro Costa, 2000) al siguiente, y comprobar no con cuál lloramos más, sino cuál nos llega más hondo, cuál nos hace más palpable un determinado contexto de exclusión social.

Una madre maltratadora transformada en el cruel villano.

Por contra, Up in the air es una película mucho más escapista que Precious: el trasfondo social del film es la crisis económica actual, y más concretamente las oleadas de despidos que ésta produce. Ryan Bingham (George Clooney) es una especie de sicario: su trabajo, para el que le contratan grandes empresas, es ir a lo largo y ancho de Estados Unidos despidiendo gente. Bingham es un hombre cínico, sin lazos familiares o amorosos, que comunica a la gente que les han echado con una sonrisa de oreja a oreja, planteando semejante drama como si se tratara de una especie de suerte. Digo que es escapista por el punto de vista que Jason Reitman, el director y guionista, adopta, situando en el centro de su obra a Bingham, el rico, simpático, guapo y amoral ejecutivo, a diferencia de lo que hacía Lee Daniels en Precious, que ponía en el núcleo de su film a la víctima, Precious, y se dedicaba a torturarla con mil y una desgracias. De hecho, también puede analizarse la “independencia oscarizable”, tal como la hemos entendido hasta ahora, desde la situación social del protagonista: algunos, como los de Slumdog millionaire o Precious, pertenecen a los marginados sociales, mientras que otros, los de Lost in translation o Up in the air, forman parte de la clase alta, habiendo también espacio para el punto medio (Juno o Pequeña Miss Sunshine). Por desgracia, el error en el que caen es el mismo: la fugacidad, en Daniels a nivel de contenido (pasamos de una vejación a la siguiente, con un montaje de una brutalidad casi pornográfica), mientras que en Reitman lo es a nivel de puesta en escena, siendo ésta demasiado inocua, permisiva y breve, porque ¿cómo conseguir que algo cale si no hay casi ningún plano del film con un mínimo de fuerza interna? Así, el débil clasicismo ‘cool’ de Up in the air tiene más interés por el estudio de la correspondencia entre el estilo interpretativo de Clooney y la imagen como persona que éste vende que por otra cosa. De nuevo una pregunta, ¿es necesario colocar como trasfondo la durísima crisis económica actual si sólo sirve como trasfondo?

El temor a la elección: ¿Qué bomba hay que desactivar?

A tenor de todo lo dicho, la conclusión que puede extraerse es clara: lo que cada año se nos vende como el “sector independiente de los Oscar” se basa, en gran parte, en un no muy profundo análisis de diversas problemáticas sociales traducidos a imágenes mediante estéticas que, o bien son demasiado débiles e intercambiables como para otorgar fuerza alguna a la obra en tanto que denuncia y reflexión, o bien están híper-saturadas, como si gritar todas y cada una de las palabras de una frase la hiciera no sólo más audible sino también más relevante. Propongamos pues otra “independencia de bajo presupuesto”, que no esté constreñida por determinadas temáticas ni mucho menos por determinados tratamientos. Así, la independencia es, sobretodo, incorrección. La grandeza de un film independiente debe radicar en un tono y un poso incómodos de experimentar y recordar, deben ser electroshocks que remuevan las convenciones y que vivan al margen de éstas. Volviendo a los Oscars que se entregan mañana, la independencia que los medios deberían hacer visible como tal es la que ostentan En tierra hostil y Un tipo serio. La primera nos traslada a Irak y nos hace seguir, a modo de informe, los lentísimos pasos de una unidad de desactivación de bombas. Kathryn Bigelow capta a la perfección este concepto de independencia que aquí propongo, pues su cámara esquizofrénica se corresponde a la perfección con unas psicologías masculinas que bordean la locura, presentándonos, mediante un montaje brutal (en el sentido más físico de la palabra) una visión de la guerra de Irak vaciándola de héroes, en la que se hace patente lo polvoroso y adictivo de cualquier contexto bélico, sustentando un discurso valiente cimentado en la premisa que tan culpable es quien ordena apretar el gatillo como quien lo aprieta. Por otro lado, los hermanos Coen, bendecidos hace ya un par de años por la Academia de Hollywood por una de sus mejores obras, No es país para viejos (Joel y Ethan Coen, 2008), nos regalan con Un tipo serio no sólo su film más personal, nacido de su infancia en Minneapolis, sino también la mirada más caústica sobre el judaísmo, religión en la que crecieron en la mencionada ciudad, que el cine haya ofrecido en los últimos años. Su estilo bufonesco y cruel, distanciado, tan alejado del de Precious, les permite ser más demiurgos que nunca y torturar a su muy correcto y muy judío protagonista, un profesor universitario de física, hasta límites insospechados, en lo que empieza como una comedia y poco a poco adquiere tintes de thriller de terror, con un tono que navega entre la carcajada y el espanto. Sólo un cineasta auténticamente independiente se atreve a meterse con su propio origen como lo hacen los Coen en Un tipo serio, donde torpedean sin piedad uno de los pilares del judaísmo (“recibe con simplicidad todo lo que te pasa”, reza una cita inicial), creando una atmósfera tan hilarante como progresivamente incómoda, posicionándose a favor de la acción y no de la pasividad y, voluntariamente o no, poniendo sobre la mesa la paradoja que resulta del hecho que el estado de Israel esté fundamentado en una religión entre cuyos pilares se encuentra el humilde sometimiento voluntario al caótico devenir de la vida. Definitivamente, la independencia ha de ser incorrecta e incómoda, pues desde los márgenes del sistema siempre surgen los discursos más estimulantes, los que generan más reflexiones vitales y cinematográficas.

Una cosa es saber que el mundo se nos come y otra es aceptarlo.

1 Response to “(¿)Independencia(?) – Especial Oscars Vol.2”


  1. 1 box office 31/10/2012 a las 00:50

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