Resumen Sitges 2010 (6) – En proceso de solidificación

Es lógico: después del fin del mundo y el desmorone del bien, el hombre que renace debe encontrarse de nuevo, definir su ser y sus códigos morales. Curiosamente, el festival del año pasado se cerró con La carretera (John Hillcoat, 2009), que ponía el broche de glamur (Viggo Mortensen mediante) a una edición caracterizada por el apocalipsis, literal o simbólico (recordemos que ya estábamos en plena crisis), como uno de los principales temas. En cualquier caso, si la clase política y social ha entendido la crisis como un fenómeno económico, el cine fue más allá y asoció esta caída de un determinado estado de las cosas a una verdadera crisis de valores. Ahí estaban películas como Les derniers jours du monde (Jean-Marie y Arnaud Larrieu, 2009) o Teniente corrupto (Werner Herzog, 2009) para dar cuenta de ello. El fin del mundo entendido como pérdida de una cierta inocencia estaba asimismo representado por obras como Canino (Yorgos Lanthimos, 2009), Kinatay (Brillante Mendoza, 2009) o incluso Enter the Void (Gaspar Noé, 2009). Por último, el apocalipsis traía consigo una desintegración de una identidad humana, de una noción del “yo” y sus mitos, que hasta ese momento parecía cristalina y pétrea: el desactivador de bombas adicto a la guerra, más psicótico que salvador, protagonista de En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2009) era el mejor ejemplo de ello junto con el pistolero amnésico interpretado por Johnny Halliday en la obra maestra del festival del 2009, Vengeance (Johnnie To, 2009), en la que su protagonista llegaba a olvidar por qué se estaba vengando. En resumen, el Sitges 2009 fue la edición de la inseguridad, del poner en duda lo dado por supuesto, ya sea la pervivencia del mundo, la fidelidad a una moral o la propia identidad.

Un astronauta que ve su integridad puesta en entredicho.

De hecho, la gran triunfadora del pasado Festival de Sitges fue Moon (Ducan Jones, 2009), que giraba entorno a la paulatina disolución de la identidad en un magma de “yos” que escapaba a la comprensión del individuo. Lo lógico, pues, es que Sitges 2010 tomara este relevo y se centrara en la búsqueda de una nueva identidad para esos personajes perdidos y desvalidos e intentar reconstruirla en un contexto de dudosa solidez como es el actual. Así, las propuestas más importantes de Sitges 2010 se han dividido en dos grandes corrientes: la primera es la de aquellos films ubicados en la actualidad y la segunda la de aquellos que beben explícitamente de otros para elaborar sus discursos. En las obras pertenecientes a la primera categoría encontramos un uso recurrente de las nuevas tecnologías, como en la magnífica Catfish (Henry Joost y Ariel Schulman, 2010), que tiene su génesis en la auténtica permeabilidad, disolución y fabulación de la identidad que permiten los nuevos medios como Facebook, transformando la comunicación interpersonal en un terreno pantanoso donde nada puede darse por seguro y donde Internet se convierte en una auténtica red de mentiras.

'Catfish' muta sus géneros y sus texturas hasta hacernos dudar de todo.

En The Famous and the Dead (Esmir Filho, 2010), en cambio, nuevas formas de comunicación como Youtube o un blog son las salidas que encuentra el joven protagonista habitante de un diminuto y frío pueblo brasileño para formarse una suerte de identidad a la que agarrarse, para huir de la realidad. De hecho, ambas películas no son tan distintas, lo único que cambia es que la cámara se sitúa en un lado de la pantalla distinto en cada obra, pero las dos nos reafirman en el pensamiento que las tecnologías 2.0 son un canal de comunicación fascinante y peligroso, capaz de enriquecer nuestra identidad pero también de hacer que nos perdamos en sus ramificaciones en forma de links o hipervínculos. Dream Home (Pang Ho-Cheung, 2010), por contra, rehuye el uso de las nuevas tecnologías y se centra en el lugar como productor de identidad. Una mujer de Hong Kong quiere un piso con vistas al mar y matará a los actuales inquilinos, en una verdadera orgía de sangre, para que el precio de la vivienda baje y ella pueda comprarlo. Para crear un “yo” basado en la consecución de un objetivo material, la protagonista, teleoperadora, deberá transformarse en lo que no es: una asesina depravada e implacable capaz de perpetrar una violencia aberrante. Metáfora genial de los (no) límites de la especulación, Dream Home, aparte de ser una de las mejores sorpresas del festival, es una revisión del mito de Jekyll y Hyde, gran representante del tema del doble y la identidad fraccionada y uno de los primeros indicios artísticos modernos de que no somos uno sino muchos. Quizá Facebook, en el fondo, no es tanto una herramienta como una señal esencial de quienes somos actualmente.

(Brutales) imágenes para una crisis.

Y si las propuestas más desconocidas de Sitges 2010 tomaron la forma de películas sinuosas y fragmentarias, formadas en base a múltiples texturas y géneros (Catfish, por ejemplo, pasa del autocine a la intriga y de ésta al documental social, entre otros, mezclando vídeos de Youtube, imágenes de Google Maps o Facebook y lo grabado por las cámaras de los directores, entre otros), los directores de más renombre desembarcaron con propuestas de pulso más firme y de estilo más marcado, como por otra parte es normal, hablando también en muchos casos, no obstante, de la recuperación de la identidad. Así, el esperadísimo regreso de John Carpenter con The Ward (2010) bajo el brazo se saldó con una agresiva película de aires sesenteros que indaga en los cuerpos y personalidades de cinco mujeres que, encerradas en un mismo espacio, se ven obligadas a hablar entre ellas para descubrir quiénes son, en la que es una película con un guión mucho menos convencional de lo que parece y que la sólida y viril mano de Carpenter sabe llevar con una minimalista y majestuosa (sí, ambos términos conviven en el film) ambigüedad. También acude al cine de terror, el de las casas encantadas, Insidious (James Wan, 2010), un cuento de fantasmas en sus dos vertientes, la de drama familiar provocado por las presencias en la primera parte de la película al caer Dalton en un inexplicable coma que sume a la familia en un profundo e dolor, y la de terror expresionista/manierista en su segunda mitad, con esos colores exagerados, esos monstruos directamente mostrados y ese montaje noqueador capaz de provocar una impresión difícil de encontrar en obras del género recientes. Una película de casas encantadas que también navega entre dos identidades y protagonizada por un padre que transita el camino del miedo no sólo para salvar a su hijo sino para recordar su pasado, su memoria.

¿Quién es ella y de qué tiene miedo?

En una línea parecida, bebiendo de todo un género que él mismo reelaboró hace ya diez años, Takeshi Kitano ha hecho con Outrage (2010) una machacona, solemne y repetitiva (para bien) obra que reduce a anécdota la trama para encadenar sin prisa y sin pausa las traiciones y contratraiciones (véase, tiroteos y retiroteos) de una yakuza que, para sobrevivir en el entorno político y económico actual, vende su honor y su legendaria identidad al mejor postor deviniendo en panda de títeres y figurantes. No hay figurantes en Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives (Apichatpong Weerasethakul, 2010), sino que todos los personajes del film ganador en el último Festival de Cannes están cuidados con mimo y cariño por el director tailandés, quien con esta película redefine de raíz el cine fantástico, aquel en el que está basado el Festival de Sitges. No es justo hablar de un tema predominante en esta cinta, pues el recuerdo, el cuento, la tradición, lo mundano, lo místico, lo mágico, lo humano, la vida, la muerte (etc.), están entrelazados sin posibilidad de selección, pero sí es cierto que la identidad (del personaje, del cuerpo, del fantasma, de la naturaleza, del mito, del país…) es uno de los motivos que sobrevuelan contínuamente, como podemos ver en las escenas de la cueva, de las fotografías o de la princesa, esta obra maestra, de la que hablaremos en el siguiente y último post sobre el 43 Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya Sitges 2010. Es probablemente la película de Apichatpong, primitiva y elevada, antiquísima y futurista, genuina y referencial, la que mejor refleja lo que ha sido el certamen de este año: una búsqueda incesante y diversa de las esencias, aún inciertas, del ser humano y el cine del siglo XXI.

Reflejos de una historia para crear una Historia y una Cultura.

1 Response to “Resumen Sitges 2010 (6) – En proceso de solidificación”


  1. 1 jhyu 08/03/2011 a las 21:26

    ha<y dios k imagenes mas crudas


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