#MyCannes2013 (2): ¡Qué puta era en realidad Hermione!

Sofia CoppolaThomas VinterbergLudivine SagnierEnrique González Macho y, sobretodo,David Hasselhoff. A todos ellos me los he cruzado en el primer día de festival, los he tenido a tiro de autógrafo, foto o disparo. No soy muy mitómano excepto de mis auténticos mitos, gente a la que admiro profundamente y por la que sí me pararía a interactuar. Supongo que en el fondo todos somos así, y en conclusión no me puedo considerar tan lejano al fenómeno fan tradicional, el de querer encontrarse con el ídolo; ya veréis si me topo con Johnnie To uno de estos días. No obstante, a juzgar por lo visto en The Bling Ring (id.Sofia Coppola, 2013), debo pertenecer a la última generación de ese tipo de fans, porque la relación con el ídolo que plantea Coppola en su última película es verdaderamente inquietante y a la vez revolucionaria. Básicamente, el film trata de un grupo de jóvenes de Los Angeles que se dedican a entrar en casas de celebrities para robarles. En ese sentido, la de la banda delictiva menor de edad, la cinta traza un inevitable paralelismo con Spring Breakers (id.Harmony Korine, 2012), si bien terminan por ser obras diametralmente opuestas. Mientras que Korine fabula sobre una revolución ontológica de una juventud que huye sin retorno ni consciencia histórica hacia un paraíso del presente en goce perpetuo, lo que desemboca en una transformación de la imagen acorde a esta ruptura seminal, The Bling Ring se construye en base a planos fijos y travellings de seguimiento, muy cercanos al Van Sant de Elephant (id., 2003) (no por casualidad el malogrado Harris Savides es director de fotografía de ambas cintas, contribuyendo a que la Coppola directora le gane la partida por primera vez a la Coppola guionista), dotando a la película de un tono más o menos documental que no proyecta el fenómeno revolucionario en la forma del film sino que lo encadena a los objetos pertenecientes a los famosos que son la fascinación de los protagonistas. Spring Breakers habla sobre la liberación absoluta del sujeto en juventud mientras queThe Bling Ring habla de la tiranía del objeto como vía a la pérdida de la inocencia y también de posesión del ídolo, por lo que si las chicas de Korine eran ángeles, las de Coppola son vampiros, como me dijo Miquel Escudero, compañero en este viaje a Cannes. No es casual entonces que cada nueva incursión en la casa de un famoso esté formalmente más cercana de una visita al castillo de Drácula o una aventura de Indiana Jones que a un reportaje de ¡Sálvame!

El capitalismo siempre defendió que somos lo que tenemos, así que si tenemos el bolso de Paris Hilton, estamos más cerca de ser Paris Hilton, y esa es la retórica a la que se abocan los protagonistas de The Bling Ring, que buscan un pasaporte rápido al estilo de vida de sus admiradas celebrities por el camino de la mímesis con ellas. Así, el fenómeno fan, más que caracterizarse por la admiración, tiene como bases la envidia y la ambición, siendo el discurso de la cinta bastante más pesimista que el de Spring Breakers, y deviniendo también en un retrato de una ciudad tan fascinante y críptica como Los Angeles y un sistema feroz como el de Hollywood, protagonizado, y esto es lo novedoso, por los que son sus espectadores, por lo que estamos más cerca de Collateral (id.Michael Mann, 2004) que de Mulholland Drive (id.David Lynch, 2001). Sin embargo, debemos celebrar que Coppola, y en eso sí se parece a Korine, expone a sus protagonistas sin juzgarlos, por lo que en ningún caso The Bling Ring es una de esas abyectas demonizaciones de la juventud que tanto gustaría a gente como Haneke sino un muy libre ensayo sobre una nueva forma de relacionarse con los ídolos consistente en vampirizarlos mientras ellos están de fiesta y cómo eso puede terminar en un traumático abandonamiento de la infancia. Al fin y al cabo, nadie se hizo famoso por ser un angelito.

Hay mucho de esa juventud a la escapada en Jeune et Jolie (id.François Ozon, 2013), protagonizada por una chica que, sin razón aparente, comienza a dedicarse a la prostitución casi como si fuera un hobbie. Ozon da comienzo a su última cinta en las idílicas vacaciones de verano de la familia acomodada a la que pertenece la protagonista, Isabelle, donde descubre el sexo con uno de esos recurrentes amores estivales que, quien más quien menos, todos hemos tenido. Inicialmente, el film se plantea como una agradable estancia en la playa, y Ozon filma esos momentos de descanso con relajación y calidez, pero sin embargo disuelve en las imágenes pequeños elementos que dislocan progresivamente la normalidad de la situación: el hermano púber que espía sin quererlo a su hermana masturbándose, el padrastro que se levanta desnudo por la noche, la visión que Isabelle tiene mientras hace el amor por primera vez de ella misma alejándose por la playa… Hay mucho de la ligereza del Rohmer más playero en ese inicio, filmada con la inquietud malsana de Chabrol, por lo que a Ozon pronto deja de interesarle la relación y evolución del tejido de personajes y sus capas en un entorno fecundo y pasa, ya en la ciudad, a un salvaje estudio de cámara de un personaje, Isabelle, tan complicado en su interior como puro en su parte visible. El título del film, joven y bella, da buena cuenta del procedimiento de la película, que se basa en observar la piel de las cosas y dejar que sea el espectador quien desentrañe su alma. Ozon no escatima esfuerzos en celebrar la belleza del cuerpo de Isabelle, por lo que no hay que buscar en la cinta ningún tipo de juicio hacia la protagonista y sí un vouyerismo cómplice y problemático, puesto que el tratamiento de la cámara hacia la chica no difiere mucho del que le dispensan los ojos de sus clientes. Efectivamente, Isabelle es jeune jolie, y ella entiende que ambas características son armas que merecen ser usadas como autoafirmación de un crecimiento acelerado, que fragmenta la adolescencia tradicional, entendida como un camino de descubrimiento y experimentación, en trozos de vivencias prohibidas, aquellas que tanto asustan a unos padres que, incapaces de asumir su fracaso a la hora de haber dado a sus descendientes un buen futuro, sienten pánico al enterarse que, ay cariño, la niña es puta. Igualita que Hermione Granger.

Un empresario libanés ha declarado que lo que mueve verdaderamente dinero en Cannes no son las películas, sino la prostitución. Podríamos estar de acuerdo en el momento en que vemos que David Hasselhoff se pasea junto a lo que a todas luces parece una escort (denuncia coming) o queThomas Vinterberg agradece a Thiérry Frémaux haberle elegido como presidente del jurado de la sección paralela Un Certain Regard porque así tiene una cama gigante en el hotel Carlton y está rodeado de bellas mujeres. Al final y por desgracia, y de hecho ya lo declara Isabelle en Jeune et Joliecuando le preguntan que por qué pedía dinero a cambio de sexo si no le hacía falta: “Más fácil, más simple”. Afortunadamente, aún hay gente como Alain Guiraurdie, capaces de creer en utopías donde el dinero ni exista, ni las jerarquías, ni las ataduras, capaces de filmar un edén donde todo sea posible. L’Inconnu du lac (id.Alain Guiraurdie, 2013) sorprende en primer lugar por su irreductible convicción en no alejarse en ningún momento de ese lago paradisíaco a orillas del cual un grupo de homosexuales se dan cita durante el verano para, desnudos la mayor parte del tiempo, relajarse y también ir al bosque en busca de sexo esporádico. El apego a ese espacio fuera de tiempo y lugar (lo más lejos que iremos de él será el aparcamiento donde los gays dejan sus coches) lo revisten de un profundo simbolismo y onirismo, un auténtico espacio mental, un jardín del edén en el que no hay pecado, sólo goce, cariño y paz. Guiraurdie, aún profundamente interesado en el hecho homosexual, no lo está desde el punto de vista social ni reivindicativo, sino cinematográfico y emocional, si bien el hecho que esos gays se reúnan allí y nosotros nunca los veamos alejados del lago, en sus casas o trabajos, responde a una situación social de (auto)exclusión imposible de dejar completamente de lado, así como el hecho que se nos informe que en la otra orilla del lago se reúnen las familias y las parejas heterosexuales.

Guiraurdie, no obstante, parece más interesado en mostrar cómo el hecho gay afecta a diversos géneros cinematográficos presentes en su película. Al comienzo, el protagonista, Franck, llega al lago y allí conoce a un hombre (¿el desconocido del título?) al que nunca vio en años anteriores, que, alejado del resto, contempla las tranquilas aguas. Franck se acerca a hablar con el tipo, y Guiraurdiefilma sus encuentros exactamente igual a como John Ford filmó la conversación entre Richard Widmark y James Stewart a orillas de un río en Dos cabalgan juntos (Two Rode TogetherJohn Ford, 1961), en un largo plano frontal de ambos conversando tranquilamente. ¿Estamos ante un western pues? En parte sí, ya que tenemos a nuestro cowboy, Franck, que siempre va vestido con unos ajustados tejanos, y también a una especie de Walter Brennan, que lo aconseja y regaña, vagando por la naturaleza salvaje. Posteriormente, L’Inconnu du lac entrará de lleno en el cine negro cuando el protagonista conoce a un auténtico homme fatale y se enamora de él a pesar de los enormes riesgos que ello conlleva, e incluso habrá tiempo para una inesperada incursión en el género del terror vertiente slasher durante el clímax final del film. Guiraurdie, como los homosexuales de su cinta, va probando uno y otro género de forma desacomplejada y directa, lo que no se traduce en falta de personalidad sino en una fascinante voluntad exploradora, investigar qué significa para el cine que los cuerpos que se enamoran, se relacionan, se acarician o se penetran sean del mismo sexo, derrocar la masculinidad como esa roca imposible de erosionar y dotarla de lágrimas y miedos (el protagonista del film merece todos los elogios imaginables) y, aunque por el momento dicho camino no tenga un destino claro y la utopía se muestre imposible, construir poco a poco para el hombre una igualdad emocional que el cine, muchas veces, le ha negado porque en vez de a una persona veía en él a un héroe.

Llueve mucho en Cannes ahora mismo y los chicos no salen tan guapos a la calle :(

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