#MyCannes2013 (5): A Alejandro Jodorowsky (o el cardenal se va a Bangkok)

Le dije a una compañera de la oficina, antes de venir a Cannes, que vería una película donde había muay thai y que ya le diría qué tal, siendo ella practicante de esta arte marcial. Me llama la atención que al cine, la pintura, la música, la literatura, la escultura, la danza y la arquitectura se le pueda añadir una octava hermana, la marcial, añadiendo así a las gráciles y pacíficas artes institucionalizadas una nueva integrante que comprenda el cuerpo como recipiente filosófico y existencial, potencia de ataque y defensa, herramienta para materializar el tiempo dando armonía a la violencia por la vía del respeto. A Marta, esta compañera de oficina, supongo que le gustará muchoOnly God Forgives (íd., Nicolas Winding Refn, 2013) por cuanto ella tiene de representación poética del muay thai así como por la estilizada violencia que presenta el film. En cualquier caso, es probable que la disfrute más de lo que lo han hecho la gran mayoría de medios en La Croisette, donde Refn ha sido crucificado de forma inesperada al haber presentado una obra que poco tiene que ver con aquella que le encumbró a los altares de la nueva cinefilia hace tan sólo dos años, Drive (íd., Nicolas Winding Refn, 2011). En el fondo, Drive siempre estuvo recorrida por una vena clásica filtrada por una mirada fetichista y sintética que convertía un relato de caballero andante y princesa en una bellísima oda al amor efímero y violento y a una época, los 80, donde los coches y una nueva moda dieron al romance una pátina de imponente y llamativo neón. Ante la inesperada y entusiasta reacción suscitada por DriveRefn, quien ya había conseguido dominar su talento de forma milimétrica, podría haber optado por explotar esa marca y recibiendo el aplauso que el recién creado ídolo hubiera merecido. Afortunadamente, el cineasta danés ha optado por proseguir en la investigación de los riesgos formales, temáticos y narrativos que Drive presentaba y con Only God Forgives ha creado una obra que es pura experimentación, un film extraño e incómodo donde el color ya no adorna al personaje sino que lo llena e influye, donde el tiempo ya no reinventa el clasicismo sino que lo revienta, y donde la narración ya no queda alterada sino que se deconstruye de acuerdo a las leyes de un infierno regido por un Dios implacable (en inglés hay una palabra perfecta para definirlo:ruthless). Yo debo ser ahora sincero y reconocer que no salí de la proyección de la cinta de Refnconvencido que había visto una obra maestra ni mucho menos, puesto que hubo muchos momentos en los que, sintiéndome muy a gusto con lo que las imágenes ofrecían, la película cambiaba de tercio obligándome a reconsiderar mi punto de vista. No quiero entonces hacer una apología a ultranza deOnly God Forgives sino defender la valentía de un director que ante la oportunidad de hacer lo que le diera la gana tras Drive, decidió seguir indagando a la búsqueda de lo que el cine aún tiene por ofrecernos, combatiendo al más peligroso obstáculo que la evolución del cine puede encontrarse: la mirada acomodada.

El cineasta danés que se lleva a la superestrella estadounidense a Tailandia para rodar una ultraviolenta obra alrededor de la venganza y la justicia con un sugerente título que remite a una religiosidad extraña de imaginar en Refn. Donde muchos veían un film predestinado a ser perfecto, yo pensaba en un desafío mayúsculo por la disparidad de los elementos a conjugar.

Lo primero que llama la atención cuando uno comienza a ver Only God Forgives es su extraño planteamiento, casi un in media res que comienza con un plano inundado por una luz roja, un contrapicado de Julian (un más taciturno que nunca Ryan Gosling) en posición de lucha copiando a una estatua dorada que tiene detrás de él. Tras esa primera imagen, tardaremos bastante en volver a ver a Julian y aún más en comprender cuál es su función en esta historia, algo que nunca queda realmente claro del todo. A nivel narrativo, Drive se estructuraba en un clasicismo deformado por lo digital y el fetiche que nunca terminaba de explotar, pero aquí nos encontramos con una cámara extranjera que se adentra lentamente en un entorno que no conoce, Tailandia y el cine tailandés, y que ya desde buen comienzo se pierde maravillada por los colores, la lucha y la prostitución callejera.Only God Forgives comienza con el supuesto protagonista imitando al luchador que se le supone, para ser desbordado ya desde las primeras imágenes, como le sucede al propio film, por unos colores, un tempo, una moral y una ley que le son ajenas. Julian se pierde en los inquietantes encantos de Tailandia y termina en una habitación, de nuevo inundada por una luz roja que bien pudiera ser el reflejo lumínico de la sangre vertida por su hermano, el auténtico desencadentante de la violencia y la narración, en la que una prostituta le ata las manos, las que le permitirán tratar de llevar a cabo su venganza, debiendo él entonces vagar por los pasillos del indefinido y carmín espacio en busca de la forma de avanzar, como si no terminara de encontrar su lugar en el film. Pensamos en Dante sin Virgilio, en los gialli de Argento, pero también y sobretodo en una cierta religiosidad en forma de cantata, una letanía que traiga a las imágenes la justicia que éstas parecen no poder entregar, y ahí aparece el que pudiera ser el verdadero protagonista del film, el auténtico actor en cuanto Julian parece más un observador, un misterioso tailandés que vaga por los sintéticos espacios del film con el sigilo de un fantasma y la confianza de un Dios, o un demonio.

Es probable que estas líneas sean más desconcertantes que otra cosa, algo que no me sorprende al ser Only God Forgives una cinta llena de imponentes imágenes evocadoras y otros tantos huecos que rellenar, de significado y forma, y sobretodo de una temporalidad compleja y retorcida. Con un compañero comparamos la experiencia temporal de la cinta con la que expone Shakespeare en sus obras más trágicas, donde los personajes se mueven, toman (o no) decisiones, sienten y, a pesar de eso, no pueden cambiar el lento curso del tiempo imparable. No sabemos qué, pero algo se mueve. EnOnly God Forgives, que a la postre es una historia de venganza, ira divina, familias retorcidas y castigos inevitables, también hay un río de color (rojo, azul y amarillo) que pasa de un plano a otro, no actuando tanto como catalizador psicológico de los personajes o como elemento simbólico sino como un cuerpo al margen, indiscutible, como si se tratara de una trasposición estilizada de las pinturas rupestres que poblaban las cuevas de los hombres prehistóricos, como los fenómenos meteorológico en el cine de Antonioni; fenómenos al fin y al cabo, fenómenos cromáticos, genuinos del ruthlessuniverso que habitan los personajes. El color en la cinta nos puede ayudar a entender muchas cosas o guiarnos por diversos escenarios, ya que si entendemos que éste no se manifiesta como recurso o símbolo de nada sino como parte integrante de la piel del film, de las paredes que lo cimientan, podremos tener una vaga noción de por qué Refn es capaz de filmar a un personaje corriendo asustado para salvar su vida y a otro que lo persigue lenta y desapasionadamente y aún así termina atrapándolo, ya que esto no es tanto una cuestión de género como una aplicación de determinadas leyes y velocidades, decisiones filosóficas, que recorren la medula de la película. También los colores nos pueden ayudar a comprender que no estamos, como pudiera parecer en ciertas escenas, ante un cine como el de Lynch, puesto que aquí no hay una realidad que ordenar y descomponer en materia y onirismo, no hay interpretación, sino filmación de una serie de fenómenos producidos bajo unas creencias y unas leyes sobre las que los hombres no tienen ningún poder. De hecho, y no hay más que observar el último corte de montaje de Only God Forgives y el plano final, a quien se parece mucho la última y fascinante película de Refn, es a Apichatpong Weerasethakul, en tanto la estructura del film no responde a una interpretación cinematográfica de determinadas creencias o historias sino a la filmación de éstas. Así, el cineasta danés no filma una trama sobre artes marciales, sino que filma la arte marcial en sí misma, no filma una traslación humana de las leyes de Dios, sino que filma las leyes de Dios, no filma la venganza como algo concreto, sino que filma la venganza en su globalidad, conceptualizada casi como la ley de la acción-reacción de Newton, implacable y verdaderamente marxista, como si fuera una canción donde no se habla del amor, sino donde habla el amor. Only God Forgives no concibe, como sucedía en Drive, la violencia repentina y tremendamente explícita como algo que nace de las emociones que los personajes experimentan al relacionarse y enamorarse, como algo humano, sino que le otorga un carácter esencialmente religioso, de todas las creencias, desde el martirio cristiano hasta la ley del Talión islámica (los poderosísimos planos de las manos de Julian como imagen de la fuerza y también de la fragilidad), pasando por una concepción budista y pura del acto violento: “No ves lo que es malo para ti, por lo que no necesitas ver; no escuchas las advertencias acerca de lo que no te conviene, por lo que debes dejar de oír…”.

La concisión de Only God Forgives y su carácter espiritual poco tienen que ver con el panteísmo deMalick y sí mucho con la religión entendida como una serie de leyes que, al ser quebrantadas, traerán consecuencias imparables y inmisericordes, aunque cueste un mundo, otra imagen, que éstas lleguen a los impíos. La mirada de Refn se ha abierto tanto como purificado, es ahora un guerrero disciplinado, preparado para una batalla que seguramente dejará mucha sangre, y también mucha belleza, por el camino, inexplicable.

1 Response to “#MyCannes2013 (5): A Alejandro Jodorowsky (o el cardenal se va a Bangkok)”



  1. 1 vermont mls Trackback en 13/05/2015 a las 17:36

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